24 de febrero de 2012

Sueño XLVII: El que no sé si quiero escribir

Aparcamos junto al ventanal sin cristales de la cuarta planta del parking.
Él salió del coche y, con la valentía de quien no sabe de peligros, se puso a jugar en el quicio del precipicio.
Le llamé la atención -¡ten cuidado!- mientras cerraba el coche.
Y, cuando me acerqué para alejarlo de la caída, me miró con su linda carita y me dedicó su mejor sonrisa.
Después... cayó.

En otro mal sueño habría despertado antes de que tocara el suelo.
En este… no.

Alargué mi mano hacia su mano... pero sólo tuve tiempo de verlo caer.
Y lo ví estamparse contra la acera.
Y escuche el impacto
Y sentí el golpe en mis vísceras.
Desde arriba, lo amé roto boca abajo.

Insufrible, antes de que la incapacidad para seguir sufriendo
me devolviese a la vigilia al fin, fue el esfuerzo de su último aliento.
La última energía que empleo en girarse…
…para volver a dedicarme, desde abajo y con su linda carita intacta, su sonrisa mejor.
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1 comentario:

  1. Después del café, me senté a fumar un cigarro mientras ojeaba Twitter en el teléfono.
    Titular de Europa Press: "Muere niño de 11 años al caer desde una octava planta en Jaén"
    Ufff!

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