13 de noviembre de 2012

Sueño LII: Ay Petraeus!

A pesar de la química, han vuelto los sueños a las noches de Loto. En el de ayer, su ex compañero y mejor amigo se convirtió en portada de un diario de tirada nacional y objeto de debate sobre la ética de esta profesión en crisis, que algunos intentamos volver a profesar contra el viento de la experiencia que no se paga y la marea de los infrasalarios que no se deberían pagar.

Él –tú ya sabes quién eres, querido- se liaba con una colega de prensa del extinto ministerio de Vivienda. Uno más de los muchos affaires del roce laboral. Pero, en esta ocasión, tuvo la friega la mala fortuna de toparse con un avispado periodista de investigación. Una tarde, tras el polvo apasionado y rapidito de hotel, antes de regresar al olivo propio, tomaban los mochuelos un café en el bar perdido en el que nadie les podría reconocer. Sonrisa perenne y ojitos de cordero degollao, el acaramelamiento les hizo olvidar en la mesa la factura del hospedaje de los afectos vespertinos. El avispado periodista de investigación, que había escuchado la conversación de los amantes desde una mesa contigua, recuperó la cuenta y, en un taxi de los de COPE y cristo redentor en el salpicadero, se acercó raudo al hotel dónde, haciéndose pasar por policía –no sé si dije que era un avispado periodista de investigación- consiguió las grabaciones de las cámaras de vigilancia.

Al día siguiente el compañero de Loto y su amante eran portada en La Vanguardia y su video -10 segundos de entrada furtiva en una habitación-  se había convertido en TT con miles de visitas en la página web. Él estaba hundido. Loto, enfurecida. Pero ¿qué coño de periodismo es este? ¿qué mierda pasa con esta profesión? Poseída por la rabia, se lanzó a las redes sociales a tratar de frenar, con apenas medio centenar de seguidores, la afrenta. Intentó convencer a los soberbios gurús de los 140 caracteres de lo absurdo de la noticia… pero ¡no hubo manera! A él le rompieron la vida. A Loto... a Loto se le quitaron las ganas un poco más. 

Otra pesadilla de los tiempos en el regreso a los brazos de Morfeo. ¿Quién mandaría a Loto interesarse, antes de dormir, por los lances del General Petraeus?
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25 de octubre de 2012

El problema no es la huerta sino el hortelano

Un día me contó mi abuelo, mi centenario abuelo, la historia de un pariente lejano, Salustiano Iglesias, Salus para los amigos. Inteligente emprendedor de finales del  XIX, importó una brillante idea y fundó en España la huerta del tomate obrero. Empezó con un pequeño terreno que se encargaba de servir tomates a precios asequibles a quienes contribuían a su cuidado: la clase trabajadora de la Revolución Industrial.

Funcionó tan bien durante tanto tiempo que las tomateras crecieron y la huerta se convirtió en invernadero: pepinos, lechugas, calabacines, berenjenas, acelgas… Atendida la verdura con mimo por los curritos que participaban del negocio, la compañía se convirtió en una amenaza para otros productores que, tras la Guerra Civil española, consiguieron que la dictadura franquista ilegalizara la empresa para que sólo se alimentaran los que pagaban bien. Los herederos: hijo y sobrinos de Salustiano, gente noble, valiente y combativa, decidieron sin embargo mantener la empresa a escondidas, en un mar de plásticos clandestinos, de forma que, cien años después de su creación, muerto y enterrado ya el dictador, la huerta se convirtió en la primera verdulería de España, con producción propia, calidad óptima y el precio más competitivo.

Por aquel entonces, finales del siglo XX, el negocio ya estaba en manos de Salustiano González, el nieto de Salus. Un chico formado, con un par de carreras y algún que otro master. Viajado, listo, carismático, extendió el negocio a Europa ya con su nuevo logo: un tomate sobre una mano roja. Llegó la modernidad a la empresa, a la Tomatera Salustiano de los Hortelanos Obreros de España –la TSHOE- que cambió la filosofía del cultivo social por otra más acorde a los tiempos: el libre mercado. Los tomates seguían siendo los mejores pero, gobernados por la ley de la oferta y la demanda, comenzaron los vaivenes. Subían los tomates, bajaban los rábanos, se disparaba el precio del calabacín… El producto dejó de ser aquel bien cercano al pueblo que con tanta ternura lo había cultivado.

Dos presidentes más pasaron por la empresa tras la dimisión, tan sensata como tardía, de Salustiano III. Uno apenas aguantó tres años sin conseguir reflotarla. Otro, un leonés, pariente lejano de la familia, de bonitos ojos y mejor talante, volvió a llevarla a lo más alto en un periodo de algo más de 6 años en los que la ciudadanía saboreó de nuevo, al mejor precio, el mejor tomate hortelano. No supo sin embargo el joven anticiparse a la crisis verdulera norteamericana y la tomatera cayó en picado, con amenaza de quiebra.

En la actualidad, con una economía que no levanta cabeza, la TSHOE ya sólo mantiene dos huertas: una en Andalucía y otra, mucho más humilde, en Asturias... y ¡los tomates se siguen sin vender! Los acreedores se frotan las manos pero no quiere verlo su ciego gobernador, un hombre experimentado, consejero delegado en todas las presidencias de la empresa desde la mejor época de Salustiano González, a quien regala los oídos su camarilla de directores de producción, negocio y marketing... que ven todavía menos que él. No es que los tomates sean caros y hayan perdido su tradicional calidad. Es que ya no los quieren ni quienes los cultivaron. Y a pesar de que algunos le han pedido que lo deje, que se marche, que el pueblo necesita la verdura más que nunca, él  ha respondido hoy en una emisora de radio que “no”, que "el problema no es del hortelano, sino de la huerta"… ¡de la huerta!

Mi abuelo centenario me ha llamado y, entre lamentos, me ha recordado la frase de otro histórico de la compañía, un tal Tierno Galván: “el poder es como un explosivo; o se maneja bien o estalla”. ¡Ay -se ha quejado el abuelo antes de colgar- si el pobre Salus levantara la cabeza!
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22 de octubre de 2012

Bienvenido Alonso

Sin prisas. Llegaste cuando te tocaba. En medio de la quietud de una madrugada de calabobos, cambiaste el cálido líquido del vientre por el frío gaseoso de la vida… con tantas ganas de comértela que apenas tardaste unos segundos en engancharte a ella, en aspirarla a sorbos del pecho de tu madre cuando tu suave pelo negro y tu piel melocotón aún conservaban trazos del pegajoso brebaje de su esencia.
Sólo habían pasado dos horas desde el final del viernes en el que el otoño se instaló definitivamente en Madrid, tu casa. Un viernes en el que constatamos lo que ya sabíamos: lo difícil que nos ha puesto los tiempos la apisonadora del poder. Alemania, con unas elecciones a la vista, nos robaba en Bruselas la posibilidad de que rescatarnos -¡rescatarnos, ya ves qué tontería!- fuese un poco menos caro... y aquí nos rebelábamos contra el brutal sometimiento convocando una huelga general para cuando tú hayas cumplido 25 días. Ni un mes desde el 20 de octubre, en el que, mientras este país celebraba un año sin la barbarie terrorista de ETA, otro cercano, el mágico país de los cedros, se asomaba al terror de la guerra por culpa de una bomba asesina.
¿Pero qué importancia podía tener todo eso cuando viniste a las 2 de la madrugada? ¿Qué más daban los recortes, Líbano, Merkel, el MEDE, Rajoy, mirando esa mirada tuya tan llena de pestañas, ganas y preguntas? Llegaste redentor, con tanta luz en una noche sin luna que nos obligaste a olvidar… recordándonos la pelea por venir para que jamás te ensucien todas esas miserias.
Y no te rozarán mientras esté la valiente que te enchufó a la vida; mientras tengas cerca a esas dos lobeznas con corazón de koala que ya te han convertido en el Nenuco que les faltaba, ese al que dar amor; no se atreverán a asomar mientras yo pueda seguir sanándome en tu mirada inocente y limpia. Y no serán tus miserias -jamás- mientras esté la que nunca va a dejar de estar: la que vigila, la que ama, la que nos hizo a todas el regalo de la fuerza que forjó a lo largo de una vida que ahora también es, gracias a ella, la tuya.
Bienvenido Alonso.
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16 de octubre de 2012

El alma, el corazón... y el dinero

2008. “No hay crisis, sino una suave desaceleración”

Eran la pareja perfecta, la única en la que el dicho “estaban hechos el uno para el otro” no era sólo una forma de hablar. Ella sentía al ritmo de sus latidos; él se entusiasmaba cuando ella reía y se entregaba a la paz con su quietud. Ignorantes, era el suyo un entendimiento pleno. Sincronizados, el corazón vivía la intensidad de ella; el alma soñaba enérgica con la vitalidad de él.

2010. “Navegamos en aguas sin cartografiar”

Un golpe, dos “ay”, una risa, otra, dos golpes más. Entre palos y penas, peleaba el alma con fuerza. Y su lucha... desbocó al corazón. Ella ya sabía. Él todavía no... y erraba agitado, en un cada vez más costoso palpitar, entre sus insomnios y las incomprensibles pesadillas de ella. 

2012. “Son decisiones difíciles, pero necesarias”

Agravada la disputa desigual, la última derrota del alma fue letal para el corazón. Ni sístole. Ni diástole. Pero ella ¡no podía dejarlo ir! Sabia que no podía ser sin él y, por él, se sacrificó consciente de lo que el sacrificio significaba. 
La Química los volvió a sincronizar.
El corazón sobrevivió a golpe de pastilla. La misma que robó al alma... la capacidad de soñar. 
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25 de septiembre de 2012

El 25-S y las torpezas de la topera

No hay más ciego que el que no quiere ver, pero no hay refrán antiguo sino mentira vieja y la prueba está en quienes llevan 9 meses dando palos de ciego con la torpeza del topo abandonado por l´Infant Terrible en una cancha de baloncesto. No es que no quieran… ¡es que no ven! Y a pesar de que saben que otros han caído o están cayendo en el intento, ellos siguen buscando la salida en el suelo; tratando de meter el morro a través del barniz del parquet imposible de romper.

Grecia: dos rescates y cinco planes de ajuste después, su continuidad en el Euro está en la cuerda floja, la tasa de paro roza el 22%, y el PIB acumula una caída del cercana al 14%,  han aumentado suicidios y emigración, se ha deteriorado la salud… es un país en quiebra. Portugal: un rescate de 80.000 millones y cuatro planes de austeridad después, ha alcanzado cifras record en emigración, el desempleo se ha disparado al 15%, es un estado torturado con una calificación de 'bono basura'.

¡Y ese es el camino a seguir!  El de la quimera que nos impone quien está sacando pingües beneficios del sufrimiento que, sin embargo, sí mantiene despiertos y con los ojos bien abiertos a millones. Cientos de miles en Portugal han conseguido frenar la cabezonería del topo Passos Coelho. En España tenemos hoy una  oportunidad para que escuchen los que no ven, en una acción que -paradójicamente- ha promovido otra ciega.

La inteligente mudanza del hoy octogenario Adolfo Suarez, que trasladó la sede de la Presidencia del Gobierno a la inexpugnable fortaleza de La Moncloa, quizás tenga parte de culpa en que el lema de la protesta no sea ‘Rodea la Moncloa’, sino ‘Rodea el Congreso’. Pero la verdadera responsabilidad hay que buscarla en la torpeza de la topillo Cifuentes que, a finales de invierno, ante la sentada pacífica del hartazgo, decidió envolver en celofán la Cámara Alta. Incluso durante el calor de agosto, cuando no quedaba nadie dentro, la delegada del Gobierno mantuvo el cerco de vallas azules en una provocación legítimamente interpretada como el secuestro de lo que es de todos. Nuestro es el Parlamento, sede de la soberanía popular,  aunque lo hayamos arrendado durante cuatro años a ciegos y obtusos…  pero también a quienes -¡ojalá!- hoy tengan el coraje de romper el desmesurado cerco policial para situarse al lado de la ciudadanía. Y lo que hoy ocurra allí será responsabilidad exclusiva de quién lo provocó... con poca vista y menor amplitud de miras.  

La topera con el suelo de parquet barnizado por el que algunos intentan meter el morro buscando una salida está en otro lado: unos 4 kilómetros al noroeste de la Carrera de San Jerónimo.

Dicho lo cual ¡nos vemos a las 6… rodeando a los que no ven!
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21 de septiembre de 2012

La más larga historia de amor

Ella terminaba su jornada laboral cuando se conocieron. No había sido un buen día después de otra noche sin dormir. Hacía calor a pesar de que el verano apuraba sus días de septiembre y, entre la congoja, los sudores y el sueño, estuvo a punto de hacer la ola cuando vio llegar el autobús. Apagó el cigarro en el asfalto y sacó el iPhone del bolso para entretener el trayecto mientras se acomodaba en uno de los últimos asientos. En ese momento una voz grave pero dulce, de acento francés, interrogó desde la puerta a su derecha: ¿es el augtovù que vá a T-cuatgo?

Ojos verdes tono semáforo, piel aceituna y pelo marrón roble con las vetas blancas de la madurez que embellece; vaquero azul maltratado, deportivas y una T-shirt holgada que mostraba un orgulloso brazo izquierdo arrastrando una maleta de ruedas. Apenas tardó medio segundo en girar la cabeza y hacer la radiografía; las mismas cinco décimas que necesitó para enamorarse mientras contestaba a su pregunta, con el índice moviéndose a derecha e izquierda: ¡no, no, no! 

¡Idiota. Tenía que haberle engañado! Pero el bote del corazón ralentizó la neurona y el medio segundo no bastó para la sibilina treta. Así que las puertas comenzaron a cerrarse cuando él, sin dejar de mirarla, se apeaba del autobús. Y, mientras ella -temerosa de que pudieran hacer daño a su hombre- gritaba arrebatada ¡CUIDADO! al conductor, la goma negra sólo logró rozar la camiseta blanca dejándolo marchar. Los pasajeros voltearon la cabeza para mirar a la histérica, pero la histérica... ya sólo tenía ojos para él.

Y a través de la ventanilla le señaló, con el dedo que no debía haber movido antes, dónde estaba la parada de su autobús. Y no dejó de observarle atontada mientras el vehículo se alejaba y él caminaba devolviéndole el sentimiento con los ojos verde semáforo fijos en ella y la boca de acento francés regalándole la sonrisa más limpia, cálida y tierna. Inseparables separados -ella en Madrid; él rumbo a París, tal vez a Lyon o a Tombuctú- después de tres segundos en los que se obsequiaron con todo el deseo, la entrega y todo el amor de la más larga historia... en la más breve. Mucho más que el tiempo que has empleado tú en leer el más cursi de los post.
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12 de septiembre de 2012

Sueño LI: Lo guardo para mí...

...porque ha sido intenso como pocos, desbordante, saturador; porque he disfrutado, reído ¡llorado! y porque me he dejado asombrar; porque, durmiendo, he estado más viva que nunca y el despertar ha sido un atraco a punta de pistola contra la pasión; y, sobre todo ¡sobre todo! porque no consigo acordarme de lo que soñé.
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