Suave, recién lavada y con olor al suavizante de casa, se me cayó la toalla al agua justo cuando llegaba a nuestro río para pasar el día.
Te pedí que me ayudaras a secarla, tomándola de un extremo, mientras yo la torcía y retorcía.
Juntas conseguimos quitarle un poco de agua, pero no le devolvimos ni el olor ni el tacto que tenía mi toalla recién lavada. Y lo peor: el estrujamiento consiguió retorcerme a mí también y a ti… a ti casi te deja exhausta.
Así que no voy a volver a torcer y retorcer, estrujándome y extenuándote.
Porque, aunque sea tiempo de lluvia y queden demasiadas nubes, ya estoy buscando el sol...
...que saldrá.
Y entonces sé que me harás hueco en tu pareo mientras dejamos que el sol haga el trabajo y nosotras disfrutamos del día en nuestro río y disfutamos... ¡de nosotras!
Gracias linda!
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7 de noviembre de 2011
20 de octubre de 2011
On egin!
Esta noche se anuncia cena de verdades por confirmar, banquete de certezas inciertas, de las que provocaron antiguos vómitos de desengaño. Será difícil dar el primer bocado sin miedo. Pero nos achisparemos con el mejor vino para abrir el apetito de confianza y hartarnos después, como otras tantas veces, de ganas de creer. Y a pesar de pasados empachos de mentiras y de tanta decepción atragantada... y a pesar de que habrá quienes tratarán de agriar el caldo para que no participemos del pan... esta vez sí, sin prisas, con suavidad, disfrutaremos del ágape. Digeriremos la cena que ellos -los que tantas veces la envenenaron con su bilis embustera- anuncian esta noche conscientes de que no habrá más porque... esta vez... ¡invito yo!
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11 de octubre de 2011
Si no es tuya... no la tires!
Es comprensible darlo todo por perdido cuándo se asume que todo se va a perder. Es legítimo tirar la toalla cuando ese “todo” le pertenece a uno. Pero es intolerable dar por perdido lo que no es tuyo, lo que se te dio en préstamo, sin pelear para evitar la pérdida de lo prestado hasta el final.
Y es nuestra la franela... como nuestros son los conceptos que debían tejerla con el préstamo de nuestra voluntad. Conceptos prometidos que, al final, sólo quedarán en eso: nociones y generalidades, sin más.
Porque se ha dado por perdida la Reconciliación al dejarla en manos de los que ganarán –“no hay tiempo, no hay tiempo”– a sabiendas de que con ello se entierra la sutura de viejas heridas que la transformación del Valle-Tumba del Caído iba a suponer.
Y se ha dado por perdida la Pluralidad –ya se reclamará, ya- al dejar a los que vienen con su mayoría arrolladora (si nadie lo remedia) la elección de quien ha de dirigir el Ente de todos ¿Por qué no le echaron un poco de ganas antes de la disolución del Parlamento? A la basura ocho años de información independiente arrojada al basurero de quienes trataron de controlarla con una medida apoyada incomprensiblemente con la abstención de los que se van.
Y ¿qué decir de los valores supremos del Entenidimiento y la Paz? Esos no se han dado por perdidos, no. Esos se han transformado en sus antónimos por decisión de quién se erigió en su adalid, de forma que aquella Alianza de Contrarios propuesta en la ONU, tras el rotundo gesto de abandonar una guerra injusta y mentirosa, se ha convertido por arte de birlibirloque en un Escudo Antinosequé con base en Rota y edulcorado -como dice el gran Aguilar- con “la insignificante creación de puestos de trabajo y la nueva clientela de los bares de alterne de la zona”.
Queda más de un mes para el final. Y, a casi 40 días del óbito, no se entiende la desidia amarga y moribunda de quienes deberían defender hasta el ultimo segundo, con uñas y dientes, la toalla que - a veces se olvida- ¡es nuestra!
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Y es nuestra la franela... como nuestros son los conceptos que debían tejerla con el préstamo de nuestra voluntad. Conceptos prometidos que, al final, sólo quedarán en eso: nociones y generalidades, sin más.
Porque se ha dado por perdida la Reconciliación al dejarla en manos de los que ganarán –“no hay tiempo, no hay tiempo”– a sabiendas de que con ello se entierra la sutura de viejas heridas que la transformación del Valle-Tumba del Caído iba a suponer.
Y se ha dado por perdida la Pluralidad –ya se reclamará, ya- al dejar a los que vienen con su mayoría arrolladora (si nadie lo remedia) la elección de quien ha de dirigir el Ente de todos ¿Por qué no le echaron un poco de ganas antes de la disolución del Parlamento? A la basura ocho años de información independiente arrojada al basurero de quienes trataron de controlarla con una medida apoyada incomprensiblemente con la abstención de los que se van.
Y ¿qué decir de los valores supremos del Entenidimiento y la Paz? Esos no se han dado por perdidos, no. Esos se han transformado en sus antónimos por decisión de quién se erigió en su adalid, de forma que aquella Alianza de Contrarios propuesta en la ONU, tras el rotundo gesto de abandonar una guerra injusta y mentirosa, se ha convertido por arte de birlibirloque en un Escudo Antinosequé con base en Rota y edulcorado -como dice el gran Aguilar- con “la insignificante creación de puestos de trabajo y la nueva clientela de los bares de alterne de la zona”.
Queda más de un mes para el final. Y, a casi 40 días del óbito, no se entiende la desidia amarga y moribunda de quienes deberían defender hasta el ultimo segundo, con uñas y dientes, la toalla que - a veces se olvida- ¡es nuestra!
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7 de octubre de 2011
Sueño XLIV: ReDream
I dreamed that I tossed off dreaming you were making me love. When I woke up, I had to toss off trying to remember the dream about how I tossed off while dreaming you were making love to me.
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16 de septiembre de 2011
Bienvenido Mr. Burglar
“Los yanquis han venido - ole salero- con mil regalos
y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos.
Con aeroplanos de chorro libre que corta el aire
y también rascacielos bien conservados en friguidaire.
Americanos…”
Cual fotograma en color de aquella película de Berlanga, adalides de la Europa libre -¿y prospera?- adelantándose al europeo ilegítimo Erdogan, David Cameron y Nicolas Sarkozy desembarcaron ayer en Libia.
Traje y corbata en el país del sol, el canijo y el sonrosado tuvieron el mismo recibimiento que se preparó al Señor Marshall. A los americanos no les vimos el rostro porque pasaron de largo, sin dejar los dólares, por las calles de Villar del Rio. Esta pareja no tuvo empacho en mostrar la cara –dura- triunfante de generosidad hipócrita porque llegó para quedarse, sin un euro en el bolsillo y conocedora de lo mucho que se puede pescar en un país que se levanta sobre balsas de petróleo y oquedades de gas y necesitado de una profunda reconstrucción.
Qué vergüenza escuchar al pequeño decir “lo que hicimos, lo hicimos sin ninguna intención oculta”. Qué vomitiva la promesa del rosa: “impulsaremos la liberación" de los miles de millones de activos libios congelados. Qué dolorosa la respuesta del anfitrión, presidente interino de Libia: “como buenos musulmanes, nosotros sabremos reconocer sus esfuerzos”. Qué punzantes los aplausos de un pueblo noble y agradecido, al que los rescatadores tuvieron al menos la decencia de reconocer “esta revolución es vuestra”
Porque sólo a ellos les pertenece: a mi querido Nomeacuerdo, a todos los Khaled que se fueron para siempre escapando del infierno, a los que se quedaron haciendo Gobiernos de garaje.... a Libia y los libios.
Sólo ellos merecen la ovación y el... “ole tu mare, ole tu suegra y ole tu tía!”
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y a las niñas bonitas van a obsequiarlas con aeroplanos.
Con aeroplanos de chorro libre que corta el aire
y también rascacielos bien conservados en friguidaire.
Americanos…”
Cual fotograma en color de aquella película de Berlanga, adalides de la Europa libre -¿y prospera?- adelantándose al europeo ilegítimo Erdogan, David Cameron y Nicolas Sarkozy desembarcaron ayer en Libia.
Traje y corbata en el país del sol, el canijo y el sonrosado tuvieron el mismo recibimiento que se preparó al Señor Marshall. A los americanos no les vimos el rostro porque pasaron de largo, sin dejar los dólares, por las calles de Villar del Rio. Esta pareja no tuvo empacho en mostrar la cara –dura- triunfante de generosidad hipócrita porque llegó para quedarse, sin un euro en el bolsillo y conocedora de lo mucho que se puede pescar en un país que se levanta sobre balsas de petróleo y oquedades de gas y necesitado de una profunda reconstrucción.
Qué vergüenza escuchar al pequeño decir “lo que hicimos, lo hicimos sin ninguna intención oculta”. Qué vomitiva la promesa del rosa: “impulsaremos la liberación" de los miles de millones de activos libios congelados. Qué dolorosa la respuesta del anfitrión, presidente interino de Libia: “como buenos musulmanes, nosotros sabremos reconocer sus esfuerzos”. Qué punzantes los aplausos de un pueblo noble y agradecido, al que los rescatadores tuvieron al menos la decencia de reconocer “esta revolución es vuestra”
Porque sólo a ellos les pertenece: a mi querido Nomeacuerdo, a todos los Khaled que se fueron para siempre escapando del infierno, a los que se quedaron haciendo Gobiernos de garaje.... a Libia y los libios.
Sólo ellos merecen la ovación y el... “ole tu mare, ole tu suegra y ole tu tía!”
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12 de septiembre de 2011
Sueño XLIII: La película de anoche tuvo la culpa
Con el placentero abotargamiento de una cena en un exótico restaurante de las afueras de la ciudad y el cansancio de varias carreras en una piscina-rosquilla, Loto y Mikiki quieren regresar a su alojamiento en la medina. Toman el único taxi que se acerca hasta el lugar después de que dos ejecutivos de traje diplomático y maletín negro les cedan el coche que llega con copiloto de aspecto poco fiable.
Suben. Antes de llegar a destino, el taxista pide 28 euros por un trayecto de 3. La adormidera protesta. Interviene, agresivo, el amigo. Mal rollo en el paraiso del bienestar. ¡Y no sólo quiere dinero la pareja!
Loto agarra a Mikiki. Salen a la carrera. Escapan corriendo de la mano por las callejuelas y azoteas de la medina hasta que algo les separa. Ella grita el nombre del niño. No lo ve. Al escuchar el grito, el niño piensa que su mamá, en peligro, ha tomado la única escapatoria posible desde el último ático: el vacio. Y en ese convencimiento, para estar con ella, el pequeño salta también. Y ella, desde arriba, lo ve saltar. Y trata de gritar su nombre para que no lo haga cuándo el niño ya ha empezado a caer. Y la voz no sale. Y lo vuelve a intentar. Pero sigue sin salir la voz… hasta que la angustia le saca del mal sueño y le regala la evidencia:
¡Qué jodido es querer tanto… pero cuánto más jodido es saberse tan necesario y querido!
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Suben. Antes de llegar a destino, el taxista pide 28 euros por un trayecto de 3. La adormidera protesta. Interviene, agresivo, el amigo. Mal rollo en el paraiso del bienestar. ¡Y no sólo quiere dinero la pareja!
Loto agarra a Mikiki. Salen a la carrera. Escapan corriendo de la mano por las callejuelas y azoteas de la medina hasta que algo les separa. Ella grita el nombre del niño. No lo ve. Al escuchar el grito, el niño piensa que su mamá, en peligro, ha tomado la única escapatoria posible desde el último ático: el vacio. Y en ese convencimiento, para estar con ella, el pequeño salta también. Y ella, desde arriba, lo ve saltar. Y trata de gritar su nombre para que no lo haga cuándo el niño ya ha empezado a caer. Y la voz no sale. Y lo vuelve a intentar. Pero sigue sin salir la voz… hasta que la angustia le saca del mal sueño y le regala la evidencia:
¡Qué jodido es querer tanto… pero cuánto más jodido es saberse tan necesario y querido!
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23 de agosto de 2011
Querido Nomeacuerdo: ¡suerte en la casa de las goteras!
No recuerdo tu nombre, quizás fueses Ahmed.
Irrumpiste sin vergüenza para quedarte durante el desayuno; moreno, pequeño, muy delgado y con un envoltorio de sabiduría genética, de siglos.
Hijo de cónsul. Educado en Dublín. Traumatólogo en Bengasi. Exiliado en la tierra en la que nos conocimos.
Hablabas con las manos, siempre abiertas, con unos sosegados ojos negros y una sonrisa mellada. Te expresaste con metáforas -como la de la casa de la gotera que no se quiere cambiar- en el inglés ostentoso que se habla al sur del Mediterráneo
No te creí cuando sentenciaste, con tu sabiduría vieja, que el final estaba a punto de llegar.
Te di mi número de teléfono y cometí el error de no pedir el tuyo.
Hoy me hubiera gustado escucharte reír sin dientes -“did you notice?”- y desearte, querido Nomeacuerdo: suerte en tu casa agujereada, feliz regreso a Libia.
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Irrumpiste sin vergüenza para quedarte durante el desayuno; moreno, pequeño, muy delgado y con un envoltorio de sabiduría genética, de siglos.
Hijo de cónsul. Educado en Dublín. Traumatólogo en Bengasi. Exiliado en la tierra en la que nos conocimos.
Hablabas con las manos, siempre abiertas, con unos sosegados ojos negros y una sonrisa mellada. Te expresaste con metáforas -como la de la casa de la gotera que no se quiere cambiar- en el inglés ostentoso que se habla al sur del Mediterráneo
No te creí cuando sentenciaste, con tu sabiduría vieja, que el final estaba a punto de llegar.
Te di mi número de teléfono y cometí el error de no pedir el tuyo.
Hoy me hubiera gustado escucharte reír sin dientes -“did you notice?”- y desearte, querido Nomeacuerdo: suerte en tu casa agujereada, feliz regreso a Libia.
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